Gobernador de Nueva Jersey: 6.000 personas sin la ciudadanía se han inscrito en el censo electoral. El fracaso en la inscripción exige rendir cuentas, no manipulaciones políticas.

Nueva Jersey ha revelado un grave fallo en su sistema de inscripción de votantes: aproximadamente 6.600 personas que indicaron expresamente que no eran ciudadanos de Estados Unidos fueron, no obstante, incluidas en el censo electoral del estado.

Nueva Jersey ha revelado un grave fallo en su sistema de inscripción de votantes: aproximadamente 6.600 personas que indicaron expresamente que no eran ciudadanos de Estados Unidos fueron, no obstante, incluidas en el censo electoral del estado. Este hecho ha salido a la luz como parte de un error en la inscripción de votantes no ciudadanos en Nueva Jersey que las autoridades estatales están tratando de resolver.

Según la gobernadora Mikie Sherrill, estas inscripciones se debieron a un error informático relacionado con las transacciones realizadas en la Comisión de Vehículos de Motor de Nueva Jersey entre junio de 2023 y junio de 2024. Al parecer, los solicitantes afectados respondieron «no» cuando se les preguntó si eran ciudadanos de Estados Unidos, pero el sistema los inscribió de todos modos.

No se trató de un simple error administrativo. Fue un fallo grave que afectó a la elegibilidad de los votantes, la tecnología gubernamental, la supervisión de los proveedores, la transparencia pública y la integridad de las elecciones de Nueva Jersey.

La ciudadanía merece una investigación exhaustiva, y no argumentos partidistas, suposiciones sobre los motivos de cada una de las personas implicadas ni intentos de restar importancia a lo ocurrido.

Aproximadamente 6.600 inscripciones no válidas

La ciudadanía estadounidense es un requisito fundamental para poder votar en Nueva Jersey. La legislación estatal establece que una persona inscrita en el censo electoral solo podrá votar si cumple los requisitos aplicables, entre los que se incluye la ciudadanía estadounidense.

Sin embargo, según el gobernador, se añadieron a las listas electorales aproximadamente 6.600 personas que se identificaron como no ciudadanos. El gobernador explicó que esas inscripciones se habían producido «sin culpa alguna» de esas personas, ya que habían respondido correctamente a la pregunta sobre la ciudadanía.

Esa explicación puede ser acertada en lo que respecta a los registros iniciales. Si una persona declarara con veracidad que no es ciudadana y, a pesar de ello, el programa informático del Estado creara un registro, no sería razonable considerar la mera existencia de dicho registro como prueba de fraude.

Pero eso no pone fin a la investigación.

La inscripción y la votación son actos distintos. Una persona puede estar inscrita sin saberlo. Por el contrario, una persona que posteriormente reciba material electoral, rellene una papeleta, firme una declaración de votante o se presente en un colegio electoral puede encontrarse con información adicional que indique que el derecho al voto está restringido a los ciudadanos con derecho a voto.

Por lo tanto, deben investigarse de forma individual los hechos relacionados con cada persona que haya votado efectivamente.

Según se informa, votaron menos de 400 personas

El análisis preliminar del gobernador reveló que menos de 400 personas que se habían inscrito recientemente debido al fallo del software votaron posteriormente. Según el comunicado, los votantes afectados estaban inscritos como demócratas, republicanos y votantes no afiliados, y se encontraban repartidos geográficamente por todo Nueva Jersey.

Esa cifra es considerablemente inferior a 6.600, pero no por ello es insignificante.

Cada voto ilegal socava la confianza de la ciudadanía, independientemente de si modifica o no el resultado de unas elecciones. La integridad electoral no se mide únicamente en función de si un error ha sido lo suficientemente grave como para alterar el resultado a nivel estatal.

El Gobierno tiene la obligación de garantizar que solo se inscriban los votantes que cumplan los requisitos y que solo se cuenten los votos válidos.

Al mismo tiempo, el Estado no debería dar por sentado que cada uno de los menos de 400 votantes infringió la ley a sabiendas. Entre las cuestiones relevantes se incluyen:

  • ¿Entendió esa persona que solo los ciudadanos de Estados Unidos podían votar?
  • ¿Recibió esa persona una tarjeta de inscripción o una papeleta de muestra?
  • ¿Declaró esa persona su ciudadanía en algún documento posterior?
  • ¿Se ayudó a esa persona a rellenar la papeleta electoral?
  • ¿Es posible que esa persona haya malinterpretado su situación de ciudadanía?
  • ¿Qué advertencias o certificaciones figuraban en el material electoral?
  • ¿Votó esa persona en unas elecciones federales, estatales, locales, primarias o generales?
  • ¿Algún funcionario del Gobierno informó erróneamente a esa persona de que el hecho de inscribirse suponía cumplir los requisitos?

La ley federal de inmigración también puede considerar a un no ciudadano inadmisible o susceptible de ser deportado por votar infringiendo una restricción legal que limita el derecho al voto a los ciudadanos. La legislación prevé excepciones limitadas, entre las que se incluyen determinadas circunstancias en las que una persona creía razonablemente que era ciudadana y que sus padres eran ciudadanos.

Esas preguntas pueden servir para distinguir entre un registro inocente creado por el Gobierno y un voto deliberado e ilegal.

Un error del Gobierno no justifica automáticamente un voto ilegal

La legislación federal prohíbe, en general, que un no ciudadano vote en unas elecciones celebradas, total o parcialmente, para elegir a cargos federales, salvo en las excepciones legales previstas. Véase el artículo 611 del título 18 del Código de los Estados Unidos (18 U.S.C. § 611).

Un error informático podría explicar cómo una persona llegó a inscribirse. Sin embargo, eso no explica necesariamente por qué esa persona votó posteriormente.

Cualquier persona que haya votado a sabiendas, a pesar de saber que no era ciudadano y que no reunía los requisitos legales para hacerlo, debería ser objeto de una investigación adecuada. El fallo tecnológico del Estado no puede convertirse en una defensa generalizada para una conducta indebida intencionada.

Del mismo modo, el Gobierno no debería imputar ni sancionar a las personas por el mero hecho de que sus nombres figuraran en una lista de registro elaborada a raíz de un error reconocido por el Estado. Son relevantes las pruebas, la intención, el conocimiento, las declaraciones y las circunstancias específicas de cada voto.

Una investigación creíble debe tener en cuenta ambos principios.

El fracaso del Estado se podía haber evitado

Según se ha informado, el error informático se prolongó desde junio de 2023 hasta junio de 2024. Según la gobernadora Sherrill, el fallo se produjo durante la administración anterior, y ella tuvo conocimiento del mismo poco antes de emitir su comunicado del 21 de julio de 2026. Ha ordenado una investigación, ha dado instrucciones para que se eliminen de los registros a las personas inscritas por error y ha iniciado el proceso para sustituir al proveedor responsable de la gestión del sistema. (NJ.gov)

Esas medidas son necesarias, pero plantean nuevas preguntas:

  • ¿Cuándo se enteró el proveedor por primera vez del defecto?
  • ¿Cuándo se enteraron de ello los responsables de MVC?
  • ¿Se informó a los responsables electorales?
  • ¿Por qué el programa ignoró una respuesta expresa de «no» a la pregunta sobre la ciudadanía?
  • ¿Se llevaron a cabo en algún momento las comprobaciones de elegibilidad necesarias?
  • ¿Algún empleado público o contratista ocultó el problema o no lo comunicó?
  • ¿Se vieron afectadas las elecciones federales, estatales o locales?
  • ¿Se han contabilizado algunos de los votos emitidos por personas que no reunían los requisitos?
  • ¿Ha afectado este mismo error a otros periodos que aún no se han examinado?
  • ¿Cuánto pagó el Estado al proveedor responsable del sistema defectuoso?

La investigación no debería limitarse a corregir los registros electorales. Debería determinar quién diseñó, probó, aprobó, supervisó y mantuvo el software, y por qué no se detectó antes el fallo.

Los ataques partidistas no deben sustituir a las respuestas

En su declaración, la gobernadora Sherrill también arremetió contra el presidente Donald Trump y acusó a su Gobierno de utilizar las cuestiones electorales como arma para obtener ventajas políticas.

Sea cual sea la opinión que se tenga del presidente Trump, ese ataque político no responde a las cuestiones fundamentales a las que se enfrenta Nueva Jersey.

Un sistema controlado por el Estado inscribió a miles de personas que, según se admitió, no reunían los requisitos necesarios. Al parecer, algunas de esas personas votaron. El error se prolongó durante aproximadamente un año y no se hizo público hasta julio de 2026.

Esos hechos merecen ser analizados por sí mismos.

Las autoridades de Nueva Jersey no deberían utilizar las críticas a figuras políticas nacionales para desviar la atención de los fallos del propio Gobierno estatal. La integridad electoral no puede considerarse una preocupación legítima solo cuando la plantea un partido político y una teoría de la conspiración cuando la plantea otro.

La ciudadanía debería poder exigir que los censos electorales sean precisos sin que se le acuse de hostilidad hacia los inmigrantes. También debería ser posible insistir en el respeto a las garantías procesales y en la presentación de pruebas individualizadas sin restar importancia a la gravedad del voto ilegal.

Lo que Nueva Jersey debería hacer a continuación

El Estado debería publicar un informe público exhaustivo en el que se identifiquen:

  1. La causa exacta del error de software;
  2. La identidad y las responsabilidades contractuales del vendedor;
  3. Las fechas en las que los responsables tuvieron conocimiento del problema por primera vez;
  4. Las elecciones en las que votaron las personas afectadas;
  5. El número de votos emitidos y escrutados;
  6. Los procedimientos utilizados para eliminar los registros erróneos;
  7. Si alguna persona declaró falsamente ser ciudadano tras la operación inicial en el MVC;
  8. Si se remitieron o no casos a la vía penal o civil;
  9. Las medidas que se están aplicando para evitar que se repita; y
  10. El coste que supone para los contribuyentes subsanar ese fallo.

El Estado también debería notificar por escrito a todas las personas afectadas. Dicha notificación debería indicar si la persona estaba simplemente inscrita, si el historial de voto está asociado al expediente, cuándo se eliminó la inscripción y si los registros del Estado confirman que la persona respondió «no» a la pregunta sobre la ciudadanía.

Dicha documentación protegería a las personas inocentes, al tiempo que preservaría la capacidad del Gobierno para investigar a quienes pudieran haber infringido la ley a sabiendas.

Conclusión

La información facilitada por Nueva Jersey plantea dos cuestiones distintas que no deben confundirse.

En primer lugar, al parecer, el Estado inscribió a miles de personas que no eran ciudadanas a pesar de que estas habían declarado verazmente que no lo eran. Esto supone un grave fallo en la gestión administrativa y en la supervisión de los proveedores.

En segundo lugar, según los datos disponibles, menos de 400 personas afectadas emitieron su voto. Estos casos requieren un examen imparcial de las pruebas. Es posible que algunos votantes hayan actuado sin saberlo o se hayan basado en información errónea facilitada por el Gobierno. Otros quizá supieran que no reunían los requisitos para votar y, aun así, lo hicieran.

No procede ni una condena generalizada ni una exoneración generalizada.

Nueva Jersey debe proteger a los votantes con derecho a voto, mantener unos censos electorales precisos, investigar los votos que puedan ser ilegales, tratar de forma justa a las personas afectadas y exigir responsabilidades a los funcionarios y contratistas responsables de este fallo. Cualquier otra cosa no hará sino debilitar aún más la confianza de la ciudadanía en el sistema electoral del Estado.

Esta versión adopta una postura más firme y no partidista en materia de integridad electoral, al tiempo que mantiene la distinción jurídica entre un registro accidental y un voto ilegal a sabiendas.

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